Se opta por estrategias educativas que sean flexibles, razonadas y consensuadas; que a la vez que educan desarrollan el criterio y capacidad de razonamiento en el niño.
Estilos educativos inadecuados pueden ocasionar: desadaptación, fracaso escolar, conducta antisocial, depresión, (depresión infantil).
El DSM-IV detecta una serie de trastornos mentales: Las pautas educativas consideradas peligrosas serían cuatro:
1. Baja implicación y supervisión: El estilo Negligente. Esa supuesta “libertad”, se convierte en confusión y desconcierto por no tener una guía adecuada.
2. Disciplina incoherente: Los padres no tratan el tema de la educación o no se ponen de acuerdo. Los hijos captan los puntos débiles y la dinámica de ambos, aprovechándose y manipulando.
3. Disciplina rígida e inflexible: de carácter lineal. No hay negociación, ni diálogo, ni razonamiento. Se actúa de la misma forma de manera indiferente.
4. Disciplina colérica y explosiva: A los niños se les transmite agresividad, que ellos pueden aprender. Podría derivar en una personalidad violenta. Por parte de los padres: castigo físico, humillación, amenazas, o incluso maltrato infantil.

